La locura más linda

Estar en la mitad de mi primer año de carrera, haciendo algo que creía que era lo que me gustaba y sentir que algo me falta, que no estoy conforme. En ese preciso momento fue que una amiga vino a mí comentándome sobre un intercambio y no lo pensé dos veces. Admitiré que fue difícil ya que no todos los días le decis a tus padres que querés irte sola a pasar tu verano a kilómetros de ellos y el esfuerzo por aprobar la mayor cantidad de materias para no atrasarme al regresar, fue difícil, pero lo que gané fue mayor que cualquier sacrificio.

Tomar un intercambio fue la decisión más impulsiva y a la vez la mejor que pude tomar en mi vida.

Nunca fui más “yo” que en mis dos meses en Perú ni me había convencido tanto de mis convicciones y elecciones de vida.

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La Palma fue todo un desafío. Una pequeña escuela rural en Piura (Norte de Perú) a la que asistían niños de entre 2 y 12 años con realidades inimaginables y las sonrisas más lindas. ¿Qué podrán hacer cuatro chicas que por primera vez salen de su círculo y de las cuáles solo una habla el idioma del lugar? Es de los cuestionamientos más frecuentes, pero en el momento en que estas frente a esas caritas con ganas de aprender no pensás en otra cosa que sacar tu mejor versión y darles al menos una parte de todo lo que merecen. No existe la edad, ni el idioma ni ninguna barrera. Caminar largas cuadras bajo un sol abrazador con una pizarra que poco dan tus brazos para sostener se convierte en placer y la sombra de un árbol se convierte en el mejor salón de clases cuando te encontrás con que la escuela no abrirá ese verano, porque no querés defraudarlos, porque lo único que tienen son esas inconmensurables ganas de conocer y es lo más valioso que les podes dejar.

Miro hacia atrás y creo que si me hubieran dicho que a los 19 años pasaría dos meses enseñando a niños, en un lugar cuya existencia desconocía por completo, con personas completamente diferentes o que incluso siquiera hablaban mi idioma… me hubiera reído. Pero hoy puedo decir no tiene nada de loco, o de lo contrario sería la locura más linda y quiero estar loca por el resto de mi vida. Hoy me doy cuenta que fue algo que de alguna manera buscaba desde mucho antes de lo que pensaba y fueron tan solo dos letras las que lo volvieron una realidad: “si”.

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En esos dos meses pude aprender más de mí y del mundo que en lo que llevaba de vida. Pude conocer otras culturas sintiéndome más apegada que nunca a la propia, superar constantemente desafíos que me enseñaron a ser orientada a soluciones.

Aprendí a caerme y levantarme una y otra vez, porque no está papá para abrazarme o mamá para calmar un dolor de panza, porque no hay quién lo haga por mí, porque en ese momento quienes importan son esas hermosas personitas que tenés en frente durante tres, cuatro horas diarias porque ven en vos un ejemplo y tenés que ser el mejor de todos.

De las mejores cosas de la Vida

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Aún recuerdo la sensación de cuando entre por primera vez a este lugar, a este Hogar Feliz que bien merece su nombre, esa sensación de estoy donde realmente quería estar! Sin dudas trabajar en Lar Feliz fue una de las mejores experiencias que he tenido en muchos años. Esta ONG está ubicada en un barrio muy humilde , y trabaja con niños de pocos meses hasta los 10 años. Aquí ellos tienen clases de alfabetización, actividades recreativas, y también atención médica.

Trabajar en este lugar, donde reciben tanto amor y dedicación por parte de todo el personal de la ONG, me hizo darme cuenta que cuando las personas realmente tienen interés en el bienestar de los demás, dan lo mejor de si a diario, y de eso no me cabe dudas.

Recibir tanto amor por parte de estos niños expresado en abrazos, besos, palabras, y risas, fue muy gratificante para mi. Sentir que para ellos, mi trabajo y dedicación hacia ellos era tan importante me hizo sentirme totalmente plena y feliz.

Con ellos aprendí muchas cosas, pero creo que lo más importante es :

Saber que podemos ser felices teniendo tan poco, y por eso hoy día valoro aún más las cosas que tengo.

No tengo dudas que tomar la decisión de viajar, y sacar la excusa del trabajo fue la mejor decisión que he tenido! Siempre supe que mi motor principal era el de ayudar, enseñar y tratar de hacer comprender a esos niños que ellos pueden ser lo que quieran ser. Tal vez frase trillada, pero en el momento en que te enfrentas a un lugar en el cual lo principal que reciben es amor, te das cuenta que todo puede ser posible.

Mi intercambio me ayudo a sacar otra Paola aventurera que estaba dentro de mi y yo no sabía de su existencia. Después de este viaje me di cuenta que por más loca que le pueda resultar una idea a los demás, con que yo confié en ella y en mi misma nada puede importar.

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Tuve frustraciones y decepciones por supuesto, pero en esos momentos no valía el no puedo, sino qué hacer con eso que sucede. Vivir durante 2 meses en un país con una cultura diferente, me permitió crecer mucho como persona y ser consiente del deber que tenemos como ciudadanos, y no hacer oídos sordos de lo que pasa a nuestro alrededor.

Gracias a esta experiencia conocí personas maravillosas que dan más de lo que tienen y otras que como yo, creen que un mundo mejor comienza por una gran acción, HACER!

 

  LA VIDA ES MUY CORTA PARA NO EXPLORAR EL MUNDO!!

Paola Di Fortuna
Psicóloga UdelaR
Intercambio en Juazeiro, Brasil

Ser Voluntaria en Brasil fue una de las mejores decisiones de mi vida

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Viendo todo en retrospectiva pienso que irme de intercambio fue de las mejores decisiones que tomé en mi vida. Desde el primer momento que pisé Joao Pessoa (JP) me sentí desafiada: una ciudad distinta, un idioma distinto y una realidad bastante diferente a la que vivimos en Uruguay.

Irme de Intercambio fue una de las mejores decisiones de mi vida

Trabajar en ARCA (Asociación Recreativa Cultural y Artística) con niños, niñas y adolescentes, fue de las cosas que más marcó mi experiencia. Poder contribuir con esta organización que les brinda  la oportunidad a los chicos de aprender a bailar, tocar instrumentos musicales y realizar actividades deportivas, pero por sobre todo que los educa en valores , me hizo sentir realizada. Se formó un gran grupo humano entre los 12 intercambistas que trabajamos allí y los educadores de ARCA, quienes todos los días me inspiraron a dar lo mejor de mí y a tomar conciencia de que es posible construir una sociedad más justa.

De todas estas personas me llevo grandes enseñanzas de vida, pero la más importante es que hay cosas que trascienden cualquier idioma y cultura: el amor y las ganas de generar un impacto positivo en el mundo. De esa manera es que a pesar de las barreras del idioma pudimos comunicarnos, entendernos y trabajar juntos por un objetivo.

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Durante mi intercambio en Brasil pude conocerme mucho más y darme cuenta de que la experiencia la hacés vos, tu actitud es lo que va a determinar si es buena o mala. La vida se basa en la toma de decisiones y yo decidí aprovechar el intercambio al máximo, vivir cada momento como si fuera el último, adaptarme a la situación que me tocó y siempre orientarme a soluciones en vez de quedar atascada en problemas.

Hoy me considero una persona más abierta, más libre de prejuicios, más responsable por el  mundo y  más soñadora.

Escrito por: Valeria García
Psicologa, UdelaR
Voluntario Global en Joao Pessoa, Brasil

La experiencia que necesitás

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Si pudiese usar la máquina del tiempo, elegiría volver al día en que saqué esta foto. Aún puedo sentir el viento que soplaba en el extremo de ese muelle en Puerto Colombia. Aún puedo escuchar la risa nerviosa de cada uno de mis compañeros, ellos que se volvieron mis hermanos al vernos rodeados por el mar inmenso y el viento barranquillero, “la loca” como le dicen allí, posando para sacarnos fotos con las banderas.

Puerto Colombia, el lugar donde aprendí que cuando uno se tira al agua para tomar una oportunidad, lejos de vivir aquello que esperás, vas a vivir la experiencia que necesitás.

Porque cada uno de los desafíos que vives durante tu intercambio pareciera fueron hechos para ti.  

Cada una de las situaciones que pasé en el proyecto, con los otros intercambistas, con mi familia colombiana la necesité para quebrar preconceptos, me di cuenta que siempre es responsabilidad de uno si ve las cosas de manera positiva o negativa. Yo sin darme cuenta me encontraba enfrentando en Colombia un Yo contra Yo

Muchas veces estuve desconforme, principalmente con el proyecto ya que sentía que era un caos, que nadie estaba suficientemente interesado, que nada salía como lo planificabamos y mil veces pensé, “esto no vale la pena”. Y me partía la cabeza pensando, que tengo que hacer diferente.

La respuesta fue: dejate sorprender

Todo ese tiempo lo único que había hecho era cargar de mis expectativas al resto de las personas y situaciones, y como obviamente no se cumplían me frustraba. Y obviamente porque es ridículo tener expectativas sobre lo que no conocés y que no podés controlar. Porque eso solo va a llevar a frustrante innecesariamente. Porque están creadas en base a lo que crees conocer, y al viajar uno justamente va a quebrar preconceptos y expandir la mente.

Fue así que una sonrisa a las 9AM pasó a ser el mejor regalo del día, que reírnos y bromear sobre los problemas se volvió moneda corriente, que dejamos de quejarnos por no tener materiales, tampoco los necesitábamos para transmitir valores, ya que la creatividad era suficiente. Y entendí que los compañeros de proyecto que tuviera, no iban a ser los perfectos, ni tal vez los que hubieras elegido para dar los talleres, pero sin duda fueron los que me enseñaron como sacar los mejor de mí y cómo sacar lo mejor de ellos, distintos a mi pero que tenían un sueño también. Y ahora miro atrás y agradezco a cada uno de ellos por haberme dado el viaje más intenso de mi vida.

FlorS

Escrito por: Florencia Silvera
Estudiante de Medicina, UdelaR
Intercambio Ciudadano Global, Barranquilla, Colombia